Cultura ciclista

Karlos Arguiñano: “En mi casa no había dinero para tener una bici de niño”

Gracias a los amigos de Kalapie pudimos sentarnos con el gran Karlos Arguiñano. Una charla sobre bicicletas pero, especialmente, sobre la situación actual y cómo debemos cambiar como sociedad.

¿Por qué sentarnos a hablar sobre bicicletas?

Porque tengo una historia muy bonita: vivo en Zarautz, uno de los pueblos de España con más bicicletas por habitante. No hay más que ver, cada mañana, a un montón de niños yendo a la escuela en bici. Es algo impresionante… Y que me emociona, porque yo nunca tuve una de pequeño.

¿Cuál es su primer recuerdo ciclista?

Aprender a montar con mi primo, Mendi, en su bicicleta. Me iba muy grande, pero lo logré. Yo debía tener siete u ocho años y fue en mi pueblo, Beasain,. En mi casa no había bicis por un motivo muy sencillo: no había dinero. Es más: tampoco podía irme de excursión con mis amigos del colegio porque no podíamos pagarlas. Así que me quedaba en casa, jugando con los juguetes que me hacía mi padre.

De mayor se pudo resarcir.

Sí, compré mi primera bicicleta ya casado, con 27 ó 28 años. Era blanca, muy bonita, y recuerdo que me dolían mucho las piernas cuando subía cualquier rampa. En esa época… Todo estaba lleno de bicis. El fontanero, el cristalero, todo el mundo iba y venía en bicicleta. La familia de mi mujer tenía una pescadería, y ella y sus hermanos hacían los repartos en bici. Ahora parece algo moderno, pero es que las bicis estaban antes que los coches.

“Compré mi primera bicicleta ya casado, con 27 ó 28 años”

Y después…

Se impuso el coche, las furgonetas… y la contaminación. Una pena, porque todo sería más divino si la gente fuese al trabajo, o a la escuela, en bici. Hay que buscar la calidad de vida, y la bici nos da una extraordinaria calidad de vida.

¿Cómo se puede mostrar a la gente eso?

Igual que ahora nos recomiendan lavarnos las manos, o ponernos las mascarillas… Deberían educarnos para saber movernos y circular en bicicleta. Porque no contaminas, porque llegas a todas partes en un cuarto de hora y porque necesitamos carriles bici para pedalear seguros y arrinconar a los coches.

¿Recuerda haber pedaleado en otras ciudades?

Sí, en Ámsterdam, y aluciné viendo a todo el mundo yendo al trabajo, a hacer la compra, en bici, aunque lloviese o nevase. Y lo mismo me pasó cuando fui a Suecia, Noruega o Finlandia. Se mueven fácil y creo que en España, aunque cueste un poco más, seguiremos ese camino. En coche todo implica gastar dinero: aparcar, el combustible… Mientras que en bici vas gratis y saludando a la gente, porque además te sienta muy bien para la cabeza.

Karlos Arguiñano en bicicleta en su hotel restaurante de Zarautz (foto: Gorka Arostegui).
Karlos Arguiñano en bicicleta en su hotel restaurante de Zarautz (foto: Gorka Arostegui).

¿En qué piensas cuando pedaleas?

Tengo una sensación de libertad muy importante. Pero algunos trayectos preciosos, como ir de Zarautz a Getaria, me dan miedo. Junto a una bicicleta pasan autobuses o camiones de treinta toneladas. Ahí es donde los que gobiernan, que son los que tienen que pensar y hacer las cosas bien, tienen que buscarle un sitio a la bici. Porque veo a conductores yendo muy deprisa y que se pueden llevar por delante a 20 ó 30 ciclistas.

¿Cómo puede permitirse eso, o que haya tanta contaminación alrededor de un colegio?

Si los padres y madres que llevan a sus hijos al colegio en coche supieran la cantidad de porquería que están echando al aire… Pero está claro: no se combate porque no debe dar dinero, y ahora todo el mundo piensa en el dinero, y no en cosas preocupantes como la salud. Pero a los jóvenes hay que meterles en la cabeza eso: que la forma de moverse es en bici, que no hay nada mejor.

¿Crees que crisis como la del covid-19 servirán para cambiar cosas?

No lo sé… También, a veces, me pregunto si no serán los políticos los primeros interesados en crear tanta incertidumbre, tanto miedo, en mostrarnos las cosas peor de lo que lo están. No veo el mundo muy bien, pero tampoco me parece todo tan desastroso. España es un país donde siempre le hemos dado mucho a la cabeza, donde hemos sido capaces de superar un montón de cosas malas. Y creo que lo volveremos a lograr porque tenemos mucha inspiración. Volveremos a ser líderes mundiales en, por ejemplo, el turismo, porque es un país maravilloso. Y lo es por ser un mosaico, porque aunque algunos se envuelvan en una bandera y quieran que todos seamos lo mismo lo bonito es lo contrario, la variedad que tenemos de comida, bebida, paisajes o gente. Yo me apellido Arguiñano Urkiola, ¿sabes lo que significa en castellano? Colina Luminosa Tabla de Abédul. ¡Y yo estoy muy orgulloso de ese nombre de indio!

“A veces me pregunto si no serán los políticos los primeros interesados en crear tanta incertidumbre y tanto miedo”

¿Cómo ha vivido la pandemia?

Tuve que volver de manera repentina de un viaje a EE UU con mi familia, pero por suerte no hemos tenido a nadie enfermo. Pero me ha dolido mucho ver cómo moría tanta gente, gente mayor, en circunstancias tan duras.

También ha criticado mucho el papel de los políticos.

Creo que la mayoría de los españoles pensábamos que estarían más unidos, que el covid-19 no es un invento de derechas o de izquierdas. Pero si no se unen ni ante una situación así… ¿Cuándo? ¿Cuándo se van a apoyar? Ya habrá tiempo de discutir, de pelear, de denunciar, pero este no era el momento de hacerlo.

¿Y la gente? ¿Cambiará algo su vida?

¡Ya me gustaría! No hacen falta cambios grandísimos, pero sí en cuanto a cosas pequeñas. Llevo 31 años diciendo en la tele que seamos más limpios, que nos lavemos las manos, que no dejemos que la porquería nos coma, porque cuando no hay orden… hay desorden. En ese sentido mejoraremos. Pero los humanos, aunque seamos racionales… a veces solo nos falta caminar a cuatro patas. ¡Y yo soy el primero que me da miedo!

“Entré en este negocio sin un duro, pero fui valiente, arriesgué y logré sacar las cosas adelante”

Más de treinta años en televisión, más de cuarenta al frente de este negocio… ¿Qué planes tiene para el futuro?

Seguir trabajando, porque me divierte mucho y me pagan bien. Entré en este negocio sin un duro, pero fui valiente, arriesgué y logré sacar las cosas adelante. Ahora… Espero continuar la temporada próxima en Antena 3 y cumplir 32 años en la tele, seguir con mi escuela de hostelería, con la que también llevo 26 años, con el hotel, el restaurante y el bar, que mis hijos sigan trabajando… No puedo pedir mucho más, porque soy un tío feliz que come lo que quiere y puede caminar dos o tres horas al día.

Arguiñano nos muestra una bicicleta (foto: Gorka Arostegui).
Arguiñano nos muestra una bicicleta (foto: Gorka Arostegui).

Debe ser difícil compaginar algo tan artístico como la cocina con sacar adelante tantos proyectos empresariales…

Pero esa es la lucha, lo bonito: salir de la nada, pedir créditos, deber dinero… Y lograr devolverlo. Entiendo a los funcionarios, con su sueldo y sus horas fijas, pero no era lo mío. Con veinte años empecé a pagar sueldos, y creo que es lo más difícil que he hecho en mi vida. Y eso sin tener ni idea de finanzas ni instinto empresarial: simplemente me vinieron las cosas y no me guardé nada, sino que siempre me lancé a cosas nuevas. He producido películas, montado una escuela, un obrador de panadería y pastelería, 35 pelotaris profesionales, una productora para retransmitir partidos de pelota… Gente y más gente, sueldos y más sueldos. También he hecho mucha publicidad, más de ochenta anuncios, con los que he ganado mucho dinero que he dedicado a obras sociales como una guardería en Petare, uno de los barrios más duros de Caracas, o un proyecto en Perú, donde con Gastón Acurio damos 1.200 desayunos a los niños que llegan a la escuela tras andar tres horas y sin comer.

Habrá sido clave, también, la gente de alrededor.

Si no tienes equipo… Porque yo era el guapo (risas), el que daba la cara, pero estoy rodeado de más de trescientas personas. Y esa es una de las cosas que más me preocupa, sobre todo últimamente: qué pasará el día que me empiecen a fallar los brazos o la cabeza, que yo no esté. Temo que el día que me baje de la moto se tengan que bajar otras cien personas. Eso es lo que más me angustia.

“Estoy rodeado de más de 300 personas. Y esa es una de las cosas que más me preocupa, sobre todo últimamente: qué pasará el día que me empiecen a fallar los brazos o la cabeza, que yo no esté”

¿Qué habrán aprendido de usted?

Les insisto en que hay que ser generoso, honrado, no putear nunca a nadie y ayudar siempre que se pueda al que necesita algo. Esas cosas te engrandecen a nivel personal, y en ese sentido tengo la cabeza muy limpia. Intenta ayudar. No regatees ni un minuto en intentar ayudar a los demás.

Porque no es necesario ser malo para triunfar…

Yo no he podido ser cabrón nunca, porque no me sale. A veces no tengo razón, pero no es mala fe. Porque es importante ser bueno, ser humilde, y dar para recibir, porque cuanto ya tienes tus necesidades cubiertas lo que tienes que hacer es que la gente te sonría en todas partes.

Supongo que a veces, debido a la fama o al dinero, tampoco habrá sido tan fácil tener la cabeza en su sitio.

Creo que la clave ha sido vivir en un pueblo, en Zarautz. Si hubiese sido tan famoso en una ciudad grande… Me habrían mareado. Tanta fiesta, tanta inauguración… Ahí es muy fácil perderse. En cambio, en un pueblo es mucho más fácil conservar la cabeza.

[Esta entrevista forma parte de la edición impresa de Ciclosfera #32. Lee la revista completa (y gratis), aquí]