
La historia no solo ocurre en despachos y palacios, también se escribe entre aceras estrechas e hileras de casas modestas donde un niño se mece en un columpio colgado de una farola, otro observa desde el umbral de una puerta y el más pequeño es una mancha roja y nerviosa. Aún no habían estallado los Troubles, el conflicto que convertiría Irlanda del Norte en barricadas, soldados y bombas, pero las heridas venideras pueden adivinarse en una escena más de cuento que real.
