Cultura ciclista

Héroes ciclistas: Zipi y Zape

El infierno era el cuarto de los ratones y el cielo, dos bicicletas. Zipi y Zape, los mellizos más famosos de los tebeos españoles, tenían una obsesión: pedalear. Y escapar así de la gris y represiva atmósfera que empapaba sus historias.

El infierno era el cuarto de los ratones y el cielo conseguir, por fin, las deseadas bicicletas. Una vida, una España, extrema, donde las buenas intenciones terminaban casi siempre transformándose en actos catastróficos y el peloteo, la sumisión a las reglas y el respeto a la autoridad implicaban, aunque modesto, un premio.

Se cumplen 70 años del nacimiento de Zipi y Zape, probablemente los mellizos más famosos de este país. Creados en 1948, las aventuras de esta pareja de hermanos entretuvieron a múltiples generaciones, trascendieron fronteras y conquistaron lugar propio en el imaginario popular. Cualquier pareja de niños traviesos, a ser posible rubio y moreno, han sido y serán irremisiblemente “bautizados” como Zipi y Zape.

Cualquier pareja de niños traviesos, a ser posible rubio y moreno, han sido y serán “bautizados” como Zipi y Zape

¿Por qué nos gustaban tanto Zipi y Zape? Contemplados desde la distancia es evidente que sus historias, breves, contundentes y, por qué no decirlo, bastante repetitivas, carecían de la grandeza y el recorrido de Mortadelo y Filemón, la acidez de Superlópez o el desenfreno y locura de Rompetechos, por citar sólo tres ejemplos hispanos y más o menos coetaneos. Y, sin embargo, éramos muchos los que preferíamos a los sufridos hijos de don Pantunflo y doña Zapatilla, a los irreconciliables enemigos de Peloto, a los alumnos más problemáticos pero también más tiernos de don Minervo.

Nos gustaban sus juegos desenfrenados, que casi siempre hacían realidad todo aquello que no nos atrevíamos a hacer. Adorábamos su amor fraterno, su fidelidad para con el otro, su generosidad con los más desfavorecidos. Y, por supuesto, nos fascinaba su mundo, su barrio, tan parecido y tan distinto a los nuestros, donde revoloteaban pelotas de cuero cosido y se traficaba con tirachinas, petardos y bichos, donde siembre estaban presentes el castigo y el premio.

José Escobar, su creador, sabía mucho de castigos. Nacido en Barcelona en 1908, fallecido en 1994, su vida daría para más páginas que la colección completa del Súper Humor. Republicano, anticlerical y catalanista, fue condenado a seis años de cárcel tras la Guerra Civil, acusado de rojo y separatista. Se salvó de milagro del pelotón de fusilamiento (otros, como el también dibujante de TBO Modesto Méndez Álvarez, no tuvieron tanta suerte) y una vez en la calle alcanzó el éxito con las historias de Zipi y Zape o, por supuesto, Carpanta. Historias, a priori, infantiles. Relatos, a la postre, salvajes, llenos de hambre, precariedades y urgencias.

Bicicletas: eso era lo que necesitaban, con urgencia, Zipi y Zape. Recibían vales (por el manillar, por un freno) a cambio de portarse bien, pero nunca lograban reunir los suficientes como para conseguir sus monturas. Tampoco las matriculas de honor, pasaporte directo a la gloria ciclista, les eran propicias. Y, sin embargo, bien fuera por alguna buena obra, bien porque la familia Zapatilla Llobregat atravesara una favorable racha económica, alguna vez les logramos ver pedaleando. Y sí: sobre sus radiantes bicis eran felices, más soñadores y niños que nunca.

[Este artículo forma parte de la edición impresa del número 25 de Ciclosfera. Lee el número completo aquí]