
Hay infraestructuras que impresionan por su tamaño. Otras lo hacen por lo que simbolizan. Sin duda alguna, el puente Tilikum Crossing pertenece a estas últimas: sus torres de 55 metros de altura y sus poco más de 500 metros de longitud no son apabullantes, pero sí resulta fascinante que el coche privado no tenga en él ningún espacio para circular.
Automóviles prohibidos
Tras unos cuatro años de construcción, el Tilikum Crossing fue inaugurado el 12 de septiembre de 2015. Concebido como pieza clave de la llamada Orange Line del tren ligero local, el MAX Light Rail, el puente se diseñó como infraestructura multimodal solo para el transporte público, los peatones y los ciclistas. Por eso, el periódico local The Atlantic lo definió como “el puente que prohibió os coches”, mientras que el promotor del proyecto, la agencia de transporte público TriMet, siempre lo ha presentado como “El puente de la gente”.
Por el centro de su tablero circulan los trenes ligeros MAX, el tranvía Portland Streetcar y líneas de autobuses urbanos como la FX2-Division, la 9-Powell Blvd, la 17-Holgate/Broadway o la 19-Woodstock/Glisan. Pero es en sus extremos, fuera del haz de cables, donde se abren dos generosos corredores laterales de más de cuatro metros de anchura para peatones y ciclistas. Una ubicación en el borde que no es casual sino que, según la memoria del proyecto de Donald MacDonald Architects, mejora las vistas y refuerza la sensación de seguridad al separar claramente los flujos de tráfico.
El puente de la gente
Según distintas estimaciones, el coste del puente rondó los 130 millones de dólares, y fue construido durante los mandatos consecutivos de los alcaldes Sam Adams (2009-2012) y Charlie Hales (2013-2017), ambos pertenecientes al Partido Demócrata.
En una ciudad donde la movilidad activa forma parte de la identidad cívica, Tilikum se convirtió en una pieza coherente con esa tradición, una coherencia corroborada por premios como el de Best Highway/Bridge concedido en 2016 por la revista Engineering News-Record, que lo destacaba como el mayor puente de EEUU dedicado exclusivamente al transporte público y la movilidad activa.
Pero lo que sin duda termina de identificar al puente es su propio nombre, Tilikum, una palabra del Chinook Wawa (lengua de contacto histórica del noroeste del Pacífico) que significa “gente”, “comunidad” o “parientes”. El nombre fue elegido tras un proceso participativo en el que se recibieron cerca de 9.500 propuestas.
Chet Orloff, historiador y presidente del comité de denominación, declaró que la elección “simbolizaba la idea de reunirse” y reflejaba “las conexiones que se establecen cuando se cruza el puente caminando o en bicicleta”.
Y es difícil no estar de acuerdo, porque cruzar Tilikum no se parece en nada a cruzar otros puentes urbanos. Aquí no hay velocidades desorbitadas, adelantamientos agresivos o el ruido constante del tráfico privado, sino unos pocos autobuses, silenciosos trenes y personas andando o pedaleando. La web BikePortland, referencia imprescindible para entender la cultura ciclista local, celebró su apertura en 2015 calificándolo como “el adorable nuevo puente libre de coches”, destacando además cómo mejoraba la conectividad entre barrios como South Waterfront, Lair Hill o Brooklyn.
Importante conexión
Un estudio elaborado por la Portland State University calculó que el puente ha sumado más de 1.100 viajes diarios en bici a los cruces sobre el río Willamette, algo lógico considerando que conecta directamente el campus de la Oregon Health & Science University (en South Waterfront) con el Central Eastside o la zona del Oregon Museum of Science and Industry (OMSI), un importante foco cultural y familiar local.
Por eso, es frecuente cruzarse en el puente con estudiantes, personal sanitario, oficinistas y, los fines de semana, familias que pasean junto al río, en un lugar que para colmo está a pocos minutos del downtown o centro de la ciudad.
¿Su momento de mayor esplendor? Sin duda es el Providence Bridge Pedal, el gran evento anual que abre todos los puentes de la ciudad a miles de ciclistas y que provoca que entre 40.000 y 50.000 personas lo crucen en una sola jornada festiva. Pero eso es excepcional, porque el Tilikum Crossing brilla cada día como una maravilla ciclista, especialmente por lo que representa ideológicamente, su elegancia arquitectónica y, sobre todo, por ser un cruce realmente funcional, que facilita cada día a miles de personas el llegar de forma sostenible y activa a sus destinos.

Capital en retroceso
En 2014, y según el American Community Survey citado por el Portland Mercury, el 7,2% de las personas que iban a trabajar en Portland lo hacía en bici, lo que la convertía en la ciudad más ciclista de EE UU. Pero el porcentaje cayó tras la pandemia: el teletrabajo parecía explicar parte del descenso, pero BikePortland señala el deterioro de la percepción de seguridad vial y el aumento de los robos como factores determinantes. Para revertir la situación, la ciudad ha relanzado el sistema público Biketown (nacido en 2016 y patrocinado por Nike, cuya sede mundial se encuentra en Portland), sumándole e-bikes y ampliando su cobertura a más barrios periféricos.









