
La italiana Il Postino (El cartero y Pablo Neruda) se estrenó en 1994, y parecía destinada a una existencia discreta. Dirigida por el no demasiado relevante Michael Radford y basada en la novela Ardiente paciencia (1985) del chileno Antonio Skármeta, que ya había inspirado otra adaptación cinematográfica en 1983, la película traslada la historia a una pequeña isla del Mediterráneo en los años cincuenta.
Es allí donde Mario Ruoppolo, un pescador sin trabajo, acepta convertirse en cartero para entregar la enorme correspondencia que recibe un vecino ilustre, el exiliado poeta Pablo Neruda. Lo que comienza como un empleo casi accidental termina convirtiéndose en una improbable amistad salpicada de momentos clave, como cuando Neruda le dice al no demasiado culto carter que “la poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita”. ¡Memorable!
En realidad Mario ya lo entiende todo, pero es al volver a casa pedaleando cuando las palabras empiezan a cobrar sentido
Entre rimas y cartas
Mario Ruoppolo no es un ciclista heroico ni un aventurero: es, simplemente, alguien que pedalea por su trabajo. Pero esos trayectos cotidianos por caminos polvorientos, calles tranquilas y senderos frente al mar, se convierten en el motor de la historia. La bicicleta le permite ir y venir entre su humilde mundo y el universo intelectual de Neruda.
Cada visita es un pequeño aprendizaje en el que Mario descubre las metáforas, la política y hasta el amor. En realidad, Mario ya lo entiende todo (cuando describe el mar o el viento ya habla, sin saberlo, como un poeta), pero es al volver a casa pedaleando cuando esas palabras empiezan a cobrar sentido.
EL actor que no vio su gran éxito
El rostro de Mario es el del actor napolitano Massimo Troisi, que también participó en el guion. Troisi llevaba años gravemente enfermo del corazón, pero insistió en rodar la película: algunas escenas sobre la bici fueron hechas con dobles para evitarle esfuerzos.
El rodaje terminó en junio de 1994 y, apenas doce horas después, Troisi murió en su casa de Roma a los 41 años. La película se estrenó pasadas unas semanas, y su frágil y profunda interpretación quedó asociada para siempre a su despedida.

De Neruda a Noiret
El poeta chileno, premio Nobel de Literatura en 1971, es interpretado por Philippe Noiret, uno de los grandes actores del cine francés, que crea un Neruda irónico, cercano y paciente. La historia mezcla realidad y ficción: aunque Neruda vivió exiliado en Italia a comienzos de los años cincuenta (en concreto, en Capri), el personaje de Mario Ruoppolo es completamente imaginario y creado por Skármeta para su novela. Ese juego entre verdad histórica y fantasía literaria funciona a la perfección: Neruda es una especie de maestro involuntario que enseña a Mario, y al espectador, a mirar la vida de otro modo.
“La poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita”, le dice Mario Ruoppolo a Pablo Neruda, frustrado por no saberle poner nombre a las palabras que explotan dentro de su cabeza y de su corazón
Una isla de cine
Buena parte de la magia de la película se debe a su atmósfera visual y sonora. La fotografía de Franco Di Giacomo captura con una belleza extraordinaria el paisaje volcánico y luminoso de las islas Eolias donde, especialmente Salina, se rodaron muchas escenas. La música, compuesta por el argentino Luis Bacalov, aporta una delicadeza melancólica que ganó el Oscar a la mejor banda sonora original. Esa combinación de luz mediterránea, silencio y melodía convierte cada trayecto ciclista en algo casi hipnótico.

La belleza del deseo
Toda esa educación sentimental gira en torno a una joven, Beatrice, de la que Mario se enamora perdidamente. Beatrice es interpretada por Maria Grazia Cucinotta, que aporta al filme una irresistible mezcla de sensualidad y naturalidad. “Tu sonrisa”, le dice Mario a Beatrice en una recordadísima escena, “se extiende como una mariposa”: es así como, de pronto, la poesía deja de ser teoría para convertirse por fin en arma para explicar el deseo.
Tras el cartero
El cartero y Pablo Neruda se rodó principalmente en dos islas italianas, Procida (en el golfo de Nápoles) y Salina (en el archipiélago volcánico de las islas Eolias, al norte de Sicilia). De la primera pueden reconocerse el puerto de Marina Corricella o la Spiaggia di Pozzo Vecchio, conocida hoy como “La playa del Postino”.
En Salina, en concreto en el pueblo de Pollara, se rodaron los caminos por los que Mario pedalea hasta la casa del poeta, con el espectacular cráter volcánico abierto al mar como telón de fondo. Esos escenarios hoy forman parte de distintos itinerarios turísticos, muchos de ellos pensados para recorrerse en bicicleta siguiendo las rutas del cartero. En Santa Marina Salina, además, el paseo marítimo lleva el nombre de Massimo Troisi, y alberga una escultura dedicada al actor y a su personaje acompañados, cómo no, por una bici frente al Mediterráneo.
