
Barcelona tenía que darme la respuesta, que busqué pedaleando por tiendas y talleres enseñando ese prototipo. Barcelona, sus personas, su industria, me abrieron la puerta, me escucharon y me dijeron que sí. Que Ciclosfera no solo podía existir, sino que tenía que hacerlo.
Ese viaje fue también especial por otra razón. En una mano llevaba un proyecto de revista, y de la otra me acompañaba Rocío, mi mujer, embarazada de nuestro primer hijo. Y fue así, y allí, como nació Ciclosfera. Mezclando vida real, bicicletas, familia, vértigo, esperanza, trabajo, amor y Futuro.
Desde entonces, hemos repartido en Barcelona decenas de miles de números, organizado fiestas, recibido premios y vivido experiencias memorables. Hemos confirmado que una ciudad es más moderna, amable y bonita cuando se llena de bicis. Y, por encima de todo, hemos hecho amistades eternas. Por eso este número, que empieza rodando en Barcelona gracias al apoyo de Shimano en la salida del Tour, es también una carta de agradecimiento. A la ciudad, a su gente y en especial a tres hermanos “barceloneses”, Natalia, Diego y Rapa, fundamentales para que este proyecto y mi vida tengan más color, pasión y sentido.
Hace más de catorce años llegué a Barcelona, con una revista que no existía y una vida que estaba a punto de cambiar para siempre. Hoy mantengo la certeza de que las ciudades son mejores cuando se cruzan pedaleando. Y al hacerlo con vosotros de nuevo recordaré que aquí empezó todo y que el viaje, nuestro viaje, sigue mereciendo la pena.
