
El Fietsflat, la fea infraestructura que la ciudad aprendió a querer: así podríamos denominar a un aparcamiento que, cuando abrió sus puertas en 2001 junto a la estación central de Ámsterdam, generó una reacción ciudadana no demasiado entusiasta.
Fue descrito como “feo” y “fuera de contexto”, y hubo incluso quien presentó una oposición formal a su instalación. Sin embargo, y pese a que estaba previsto para ser usado solo durante cinco años, el Fietsflat ha durado más de veinte. “Lo que se construyó como un parche mientras se planificaban los aparcamientos subacuáticos”, explica René Dronkers, consultor del Ayuntamiento de Amsterdam y actualmente en Bikenine, “ha estado a punto de convertirse en algo permanente”.
Diseñado de forma modular, el Fietsflat estuvo a punto de cambiar Ámsterdam por el Sena, pero su realidad ha terminado siendo mucho menos idílica
Es cierto: la ciudad se acostumbró tanto a esta estructura que la adoptó como parte de su identidad, y se cambiaron las tornas: cuando en 2023 se anunció su demolición fueron muchas las voces que reclamaron protegerlo como patrimonio cultural. En su origen, el Fietsflat era un aparcamiento de bicis con rampas y modular, diseñado por Don Murphy y construido por Anne van der Sluis con la infrecuente perspectiva de poder desmontarse y reutilizarse en otro lugar.

El Fietsflat en el Sena
Tanto, que en mayo de 2023 una delegación francesa aterrizó en Ámsterdam para estudiar la viabilidad de un traslado. Si el Fietsflat iba a derribarse… ¿Por qué no, aprovechando su modularidad, llevárselo a Paris y usar su capacidad para alojar 2.500 bicicletas durante los Juegos Olímpicos de 2024? Durante tres meses la idea fue estudiada por expertos, y se esbozaron imágenes del aparcamiento flotando sobre el Sena. Hasta que las autoridades de la capital francesa empezaron a preguntarse si no sería demasiado grande e incurrirían en unos costes y esfuerzos injustificables.
“Es algo que, por desgracia, les ocurre muchas veces a las ciudades”, nos explica René Dronkers. “El aparcamiento se tiene en cuenta cuando el problema ya está presente”. Pero la idea de una mudanza seguía sobre la mesa. Algunos académicos y entusiastas neerlandeses lanzaron una campaña pública para encontrarle una segunda vida a la estructura. Esta vez, el candidato estaba mucho más cerca: el aeropuerto de Schiphol, a las afueras de Ámsterdam. El lugar debía ser más sostenible y unos dos mil trabajadores iban pedaleando a diario hasta allí, por lo que el encaje parecía perfecto. Catalien Peerdeman, compañera de René en Bikenine y especialista en infraestructura ciclista, entró como intermediaria entre el ayuntamiento y el aeropuerto. Se evaluó la viabilidad del despiece y traslado, se revisaron los planos y se llegó al optimista diagnóstico de que, en efecto, la estructura podía reciclarse.
Pero el problema era otro: después de más de veinte años, nadie podía prever cuántas piezas necesitarían reemplazarse hasta desmontar el aparcamiento. Los presupuestos iniciales, que hablaban de entre 300.000 y un millón de euros, desembocaron en un cálculo de más de 1,5 millones, y el traslado por los canales y la instalación junto al Hilton podrían alcanzar los 4,5 millones de euros. Diez veces el coste de la construcción original, y casi seis veces más que demolerlo y transformarlo en chatarra, por lo que se desestimó reutilizarlo.
Un par de buenas lecciones
Para Catalien Peerdeman, “la gente piensa muchas veces en lo conveniente de reciclar, pero esta vez se quedaron paralizados por los posibles costes de hacerlo. El objetivo no debería haber sido gastar menos sino reutilizar todo el material, y además no hubo un proceso estructurado de licitación con especialistas en reciclaje de estructuras”. En resumen: la idea, la fantasía y el entusiasmo llegaron mucho antes que el método, y eso llevó a no poder hacerlo realidad.
Sin embargo, cuando René y Catalien fundaron hace tres años Bikenine, sí supieron explotar todas las lecciones aprendidas con el Fietsflat. “El aparcamiento de bicicletas suele ser la última pieza a pensar en estos proyectos”, critican, “y por eso en 2001 se tuvo que imponer una solución temporal que se prolongó mucho más de lo previsto. Lo que nació como un parche casi se volvió insustituible, y eso nos deja un gran consejo: si promovéis el ciclismo, preparaos para un futuro tsunami de aparcamientos, que puede no llegar en diez años sino en muchísimos menos”.
Sin embargo, el adiós definitivo no ha consistido en un simple derribo. Dado que la estructura aún era técnicamente sólida para otros 50 años, el Ayuntamiento de Ámsterdam se alió con Dusseldorp Infra para ejecutar un modélico proceso de sloop circulair (demolición circular). Mediante pontones y una grúa en el canal, el Fietsflat se desmontó de forma inversa a su montaje para no colapsar el entorno ni disparar el ruido en la estación. El acero se envió en barcazas a la fundición para transformarse en nuevo mobiliario urbano, el hormigón triturado servirá de base para carreteras ecológicas y los propios pilotes de cimentación acabaron siendo retirados del lecho marino. Hoy, con el canal despejado y los cimientos removidos, el acceso oeste de Amsterdam Centraal recupera la vista abierta al agua para integrarse en el futuro paisajismo peatonal de la ciudad. Sí, justo ahí donde una vez estuvo el aparcamiento de bicis más fotografiado del mundo.

Un tsunami... de cifras
Ámsterdam no improvisó el Fietsflat por capricho sino por necesidad: en la ciudad hay unas 880.000 bicis, cifra ligeramente inferior al número de habitantes (alrededor de 920.000) según datos oficiales del Gemeente Amsterdam. Cerca del 36% de todos los desplazamientos urbanos se realizan en bici, cifra que supera el 60% en trayectos internos al centro según el informe municipal Facts & Figures Cycling in Amsterdam.
La estación central es el epicentro del fenómeno: antes de la apertura de los nuevos aparcamientos subacuáticos, el entorno de Amsterdam Centraal sufría una saturación crónica con decenas de miles de bicicletas aparcadas a diario. Para absorber esa demanda, se inauguraron entre 2023 y 2024 dos grandes parkings bajo el agua, IJboulevard y Stationsplein, con capacidad conjunta para más de 11.000 bicicletas e integrados bajo el IJ y el frente marítimo.



