Cultura ciclista

La bicicleta compartida: el mejor negocio

Los sistemas de bicicleta compartida no solo transforman la movilidad urbana, sino también la economía, la salud y la vida en las ciudades. Un estudio de Ernst & Young, Cycling Industries Europe y EIT Urban Mobility confirma a estos sistemas como una de las estrategias urbanas más rentables, sostenibles y saludables de nuestro tiempo.

El informe Retorno de la inversión en sistemas de bicicletas compartidas, publicado en octubre de 2025 por EY, Cycling Industries Europe y EIT Urban Mobility, es el primer estudio de alcance mundial que analiza con rigor científico el impacto real del bike sharing en la economía, la salud y la sociedad.

Sus conclusiones son rotundas: los sistemas de bici compartida no son solo una alternativa de transporte sostenible, sino también una herramienta estratégica para impulsar la productividad, reducir el gasto público y mejorar la calidad de vida en las ciudades europeas. Como explica Lauha Fried, directora de Política en Cycling Industries Europe, “este estudio puede transformar la forma en que las ciudades ven el ciclismo como parte de sus estrategias de transporte y aire limpio, demostrando que un sistema de bicicletas compartidas es, además de un servicio, una gran herramienta para tener ciudades más ecológicas, limpias y habitables, y europeos más sanos y felices”.

"Este estudio puede transformar la forma en que las ciudades ven el ciclismo como parte de sus estrategias de transporte y aire limpio" (Lauha Fried, Cycling Industries Europe)
"Este estudio puede transformar la forma en que las ciudades ven el ciclismo como parte de sus estrategias de transporte y aire limpio" (Lauha Fried, Cycling Industries Europe)

La bici compartida no deja de ganar terreno. Ya sea en manos de ayuntamientos o gestionada por operadores privados, se consolida como una forma eficiente y cercana de moverse por la ciudad. Conecta la primera y la última milla, acerca al transporte público y abre el acceso a empleos, educación y servicios. Pero, sobre todo, rompe barreras: reduce los costes de transporte hasta un 90 % frente al coche y democratiza la movilidad, convirtiéndose en una herramienta de inclusión social.

El estudio

El informe se apoya en una radiografía precisa de la situación europea en 2024. Ese año, nuestro continente contaba con 438.400 bicicletas compartidas distribuidas en 146 ciudades de 30 países, incluidos los 27 de la UE junto a Reino Unido, Suiza y Noruega. La gestión digital de todos esos sistemas permite saber con exactitud que se recorrieron más de mil millones de kilómetros a pedales, con una media de 2,12 viajes por bicicleta y día.

Los datos no dejan lugar a dudas: de no haberse usado una bicicleta compartida, el 15% de los usuarios habría ido en coche, el 29% en transporte público y el resto, un 56%, se habría desplazado a pie. Además, el 55% combina habitualmente la bici compartida con el transporte público, lo que confirma algo clave: lejos de competir con el autobús o el metro, el bike sharing es su mejor aliado.

Si las ciudades apuestan decididamente por la bici compartida, el impacto económico anual rozaría los 1.000 millones de euros con un retorno de la inversión del 75%

El valor de cada pedalada

El estudio traduce en euros el impacto real de la bici compartida en Europa con cifras contundentes: 305 millones de euros de beneficio anual y con efectos directos en la economía, la salud y el medio ambiente. Por cada euro de gasto público invertido, el retorno es del 10% anual, una rentabilidad difícil de igualar.

Los sistemas de bici compartida son una de las estrategias urbanas más rentables, sostenibles y saludables de nuestro tiempo.
Los sistemas de bici compartida son una de las estrategias urbanas más rentables, sostenibles y saludables de nuestro tiempo.

En lo económico y laboral, el sector genera 6.000 empleos directos y 224 millones de euros cada año. En salud, el ahorro ronda los 40 millones de euros gracias a los 969 casos de enfermedades crónicas que se previenen por el ejercicio asociado al uso de la bici. Y el impacto es igual de claro en el aire que respiramos: se evitan 200 toneladas de óxidos de nitrógeno, 11 toneladas de partículas finas y 46.000 toneladas de CO2 al año, valoradas en unos 3 millones de euros por su contribución al ahorro de emisiones contaminantes.

2030: el futuro rueda

El estudio no mira demasiado lejos: apenas quedan cuatro años para 2030, y las proyecciones son tan realistas como ambiciosas. Si las ciudades apuestan decididamente por la bici compartida, el impacto económico anual podría rozar los 1.000 millones de euros en concreto 964, según el informe), con un retorno de la inversión del 75%.

El efecto sobre la salud sería igual de impresionante, evitándose más de 4.200 enfermedades crónicas con un ahorro sanitario estimado en 173 millones de euros, mientras que las emisiones de partículas finas se reducirían siete veces y el ahorro en CO2 se multiplicaría por cinco. Y, por último, también se dispararía el empleo: 12.900 personas tendrían un trabajo directamente vinculado a la bici compartida, y los europeos recuperarían más de cinco millones de horas que hoy pierden en el coche, lo que equivale a 212 millones de euros en productividad.

Cómo lograrlo

Alcanzar esas cifras no será cuestión de suerte, sino de estrategia, y el estudio identifica varias claves para que el potencial del bike sharing se materialice de aquí a 2030. En primer lugar, el crecimiento urbano: las ciudades seguirán concentrando población y, con ello, aumentará la demanda de movilidad sostenible. Los servicios de bici compartida deberán acompañar ese crecimiento y adaptarse a la expansión de las zonas de bajas emisiones, que se irán extendiendo también a las áreas periféricas.

“El uso de la bicicleta compartida desempeña un papel único al hacer que el ciclismo sea asequible y accesible para todos" (Lauha Fried, Cycling Industries Europe)
“El uso de la bicicleta compartida desempeña un papel único al hacer que el ciclismo sea asequible y accesible para todos" (Lauha Fried, Cycling Industries Europe)

Otro factor decisivo es la electrificación. En 2024, las bicicletas eléctricas ya representaban el 21% de la flota total y el 31% de los trayectos, y su presencia permitirá equilibrar el uso por edad y género, ampliando la base de usuarios. El estudio también apunta a un mayor despliegue territorial, especialmente en zonas mal conectadas por transporte público, donde la bici compartida puede convertirse en una herramienta de cohesión social.

Para lograrlo, será esencial reforzar el apoyo político, mejorar la infraestructura ciclista, fomentar la colaboración público-privada y apostar por decisiones basadas en datos. En definitiva, promover una cultura ciclista sólida. Como resume Lauha Fried, directora de Política en Cycling Industries Europe, “el uso de la bicicleta compartida desempeña un papel único al hacer que el ciclismo sea asequible y accesible para todos, al mismo tiempo que impulsa la transición hacia una movilidad de cero emisiones de carbono”.