Cultura ciclista

Héroes: ‘Búscate la vida’

Con solo doce años, Chris Peterson ya trabajaba como repartidor de periódicos en bicicleta. ¿El problema? Que pasados los treinta seguía haciendo exactamente lo mismo. Héroe, antihéroe… La serie ‘Búscate la Vida’, cancelada por su baja audiencia tras dos temporadas inolvidables, es hoy considerada sin duda una producción de culto.

Tiene treinta años, pero podemos afirmar sin pudor que Chris Peterson es ingenuo, infantiloide, casi siempre un bobo de remate y, a veces, incluso muestra comportamientos psicóticos. Convive (le sufren) sus resignados padres, queda con colegas de doce años, trata a su mejor amigo como cuando tenían una década y, en resumen, se niega a afrontar las responsabilidades de la vida adulta. Chris odia el mundo estandarizado y, cuando intenta enfrentarlo, su parasitaria inmadurez le lleva a estrepitosos fracasos.

Conflicto

Esa es la clave: Chris no quiere crecer en un mundo así. Si cuando somos niños la vida es divertida y maravillosa… ¿Por qué hay que madurar? Y es por eso mismo por lo que queremos a Chris: esto no es un drama generacional ni social, sino una despiadada sitcom en la que, más que reírnos de Chris, nos carcajeamos con su absurdo, surrealista y negro humor, hasta el punto de verle morir en varios episodios antes de que Kenny, en cada capítulo de South Park, ahondara y popularizara esta macabra cuestión.

Rebelde con bici

La bicicleta está presente en todos y cada uno de los capítulos. Para empezar, lo está en su cabecera, donde Chris reparte periódicos pedaleando al ritmo de una canción de R.E.M., Stand, en una obvia referencia al inmovilismo. Pero la bici, sin ser clave en ninguna de las tramas, volverá a aparecer en distintos momentos de su vida cotidiana y en sus ensoñaciones, siempre ligada a un personaje que, a su manera, es un rebelde.

Los responsables

La serie (Get a Life, en su título original) fue creada por Adam Resnick, David Mirkin y Chris Elliott, que encarna también al protagonista. Elliott, forjado como cómico en el show de David Letterman, tiene una larga carrera delante y detrás de las cámaras y varios Emmy como guionista, aunque para el gran público su rostro será recordado como el inolvidable Woogie de Algo Pasa con Mary. Resnick y Mirkin fueron parte importante del engranaje de producción y escritura de Los Simpson. Y Búscate la vida también tiene algunos episodios obra de un veinteañero, Charlie Kaufman, después revelación por escribir Cómo Ser John Malkovich (1999), oscarizado por el libreto de ¡Olvídate de Mí! (2004) y realizador de, por ejemplo, la genial película de stop-motion Anomalisa (2015).

Lazos de sangre

Además de guiños como el mostrar al final de la cabecera la casa original del rodaje de la Familia Monster, la serie regala otros detalles apetitosos para el curioso. El inolvidable padre del protagonista, con su sempiterna bata y ácida resignación, era también en la vida real el padre del actor Chris Elliott. Sam Robards, su gran amigo Larry, es hijo de dos leyendas de Hollywood como Lauren Bacall y Jason Robards. Y Brian Doyle-Murray, casero de Chris en la segunda temporada (en la que, por fin, se independiza) es hermano del legendario Bill Murray.

La filosofía de Chris es obvia: si cuando somos niños la vida es divertida y maravillosa... ¿Por qué hay que madurar?
‘Búscate la vida’: una despiadada sitcom en la que, más que reírnos de Chris, nos carcajeamos con su absurdo.
‘Búscate la vida’: una despiadada sitcom en la que, más que reírnos de Chris, nos carcajeamos con su absurdo.

Breve pero eterna

Emitida en EE UU entre 1990 y 1992 y aterrizada en España ese último año de la mano de Canal +, Búscate la Vida no lo tuvo fácil. Sus primeras entregas fueron más suaves, para así obtener el visto bueno de los ejecutivos de la Fox, pero su devenir cada vez más ácido, mordaz, surrealista e incluso violento empezó a generar dudas. El legendario antepenúltimo episodio, Vomitón y Yo, fue emitido gracias a mil piruetas argumentales de Chris Elliott, pero ya todo daba igual: casi desde el inicio de la segunda temporada la serie se sabía cancelada. Fueron en total treinta y cinco episodios de veintitrés gloriosos minutos que, por desgracia, no recabaron la audiencia necesaria para sobrevivir. Hoy, sin embargo, declarada como una anti-sitcom de manual, es venerada por muchos como objeto de culto.