Cultura ciclista

Cicloturismo en la Subbética cordobesa: personas y bicicletas

En el corazón de Andalucía, el cicloturismo se convierte en una forma de entender la vida. Recorremos la Subbética, un destino lleno de rutas pero, sobre todo, de encuentros y de experiencias.

Hemos vuelto a pedalear por el interior de Andalucía, una zona a la que hemos tomado una querencia especial. Podríamos hablar de los olivares infinitos o del silencio de los paisajes en las carreteras secundarias que nos dejan con los ojos como platos a cada curva. Podríamos también hacer un resumen del patrimonio que cruzamos subidos al sillín, o de la gastronomía con la que nos premiamos cada vez que nos bajamos de la bici. Lo cierto es que, cuando volvemos, siempre lo hacemos con las alforjas repletas de anécdotas que tienen nombre y apellido.

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Acabamos de hacerlo por la provincia de Córdoba, más en concreto por la comarca de la Subbética. Un lugar que te reconcilian con el mundo, y la sensación es la de haber disfrutado de una experiencia diseñada por cicloturistas para recibir cicloturistas.

A vista de pájaro, lo primero que encontramos son dos grandes rutas circulares que nos llaman a gritos. El Anillo Sur se compone de unos 47km, en su mayoría compuestos por carreteras secundarias y bien asfaltadas ideales para los aficionados al ciclismo deportivo o al cicloturismo de alforjas. Desde Rute al inmenso Embalse de Iznájar y pasando después por la subida a las Lagunillas.

Además, te permite enlazar con otras más cortas capaces de regalarte algunas de las vistas más sobrecogedoras de la Península Ibérica, como la subida al Canuto por el Pinar de Rute (bastante exigente) o la lineal de 15km por la margen izquierda del Embalse de Iznájar, que alterna una preciosa carretera con pistas en buen estado que terminan en la presa.

Al norte nos esperan otros 89 kilometros más orientados al Gravel. En ellos destaca la Vía Verde del Aceite, llena de escapadas y experiencias como la oscuridad de la Cueva de los Murciélagos en Zuheros, las imponentes paredes de las Buitreras entre Luque y Carcabuey.

Una vez en Cabra, no dejes de subir al Picacho, conocido como el Balcón de Andalucía. Disfrutarás de una carretera serpenteante con curvas de herradura incluidas por la Sierra de Cabra. Apenas un kilómetro antes de llegar a la ermita, verás un parking y una pista de acceso a La Nava. Sin duda, merece la pena desviarse y adentrarse en el Geoparque siguiendo el curso del río Bailón. (Imprescindible solicitar un permiso al Centro de Visitantes del Parque Natural “Santa Rita” o Ecomuseo de Zuheros).

Esta ruta hasta Las Chorreras te va a regalar paisajes de postal entre meandros y montañas. Recuerda que estás en un espacio natural y no olvides cerrar las puertas ganaderas que encuentres a tu paso.

Lugar privilegiado

Es en el extremo de este anillo norte donde nos recibe el Centro Cicloturista Subbética, un punto de encuentro iluminado por la sonrisa de su gerente, María Camacho, y de uno de sus guías, Javier Sánchez. “El centro está en un enclave de privilegio”, nos explica María, “donde se unen cicloturismo, naturaleza, gastronomía y cultura”. Es, desde luego, la puerta principal de un territorio que crece y se ofrece en silencio: si lo miras, te dice “aquí estoy”, porque sabe que, cuando pongas tus ruedas en sus rutas, no vas a querer abandonarlo.

Primavera en Nava de Cabra.
Primavera en Nava de Cabra.

Pero la Subbética se respira también cuando no estás pedaleando. “Abro cuando llego y cierro cuando me voy”, resume su día a día Lorena, propietaria de El Orvío, una pequeña tienda en Priego de Córdoba. Es ahí donde preparan un bocadillo de jamón, tomate y aceite de esos que te devuelven la vida. Allí no hay clientes, hay vecinos. “¿No habéis probado el turrolate?”, pregunta Lorena sin dejar de presumir de los productos de la tierra. “Pues os vais a llevar uno cada uno”. Y nos los llevamos: esa mezcla de chocolate, almendras y azúcar es la barrita energética definitiva para cualquier repecho de la zona.

Escucha

El ritmo lento de la bici es el que te permite descubrir lo que a veces nos quiere ocultar la velocidad. Lo aprendemos con Antonio Pestana, de Explora Natura. En su ruta ornitológica casi podemos tocar una collalba negra o un roquero solitario. “Si pasas por un terreno y quieres ver pájaros, tienes que ir pausado. ¿Los oyes?”, pregunta. “Estamos ahora mismo escuchando un verdecillo y un pinzón vulgar. Si no paras, todo esto te lo pierdes”.

Esa pasión también brota a borbotones en las palabras de Antonio Poyato, el guía que nos descubre los secretos de la Cueva de los Murciélagos; o en las de Emilio Ruiz, que nos abre las puertas a la Villa Romana y el poblado íbero de Almedinilla. Porque la Subbética es de esos lugares que parecen hechos para la bicicleta, y lo mejor es todo lo que pasa cuando te bajas de ella. No tienes la sensación que ser un “visitante” o un “cicloturista”, sino la de estar pasando a saludar a unos amigos de toda la vida y pedalear por su propia casa.

Tramo desde Zuheros a Doña Mencía.
Tramo desde Zuheros a Doña Mencía.

Imprescindible

El Anillo Cicloturista Sur, de unos 47 kilómetros y completamente asfaltado, es una ruta ideal para bicicletas con lugares tan recomendables como el Patio de las Comedias, en Iznájar. El Anillo Cicloturista Norte es más largo (unos 89 kilómetros) y discurre principalmente por pistas de tierra y tramos de gravel, bordeando el Geoparque, con paisajes destacados como las Buitreras y la posibilidad de subir a La Nava y seguir el curso del río Bailón. ¿Una parada recomendable? El Orvío, en Priego, una tienda de alimentación donde miman a los ciclistas (y a quienes no lo son) con variadas delicias locales. Y, por supuesto, catas de vino y aceite. Hay muchísimas.

Si quieres llevarlo todo preparado, visita la web oficial de Turismo de la Subbética, donde encontrarás los puntos clave, tracks descargables e información de muchos lugares maravillosos.