20.000 kilómetros en bici contra la indiferencia

Xabi Luna y Sheila Sevillano no han salido a dar un paseo. Tampoco es la típica aventura de Instagram para coleccionar atardeceres. Lo suyo es un ataque directo contra el olvido. 20.000 kilómetros por delante y un objetivo que se hace pesado en sus alforjas: recaudar 100.000 euros para financiar proyectos de esos que cambian el mundo. Esto es "Rumbos Olvidados".

Xabi y Sheila son de esa raza de personas que no saben mirar hacia otro lado. Él, bombero. Ella, enfermera. Ambos en Pamplona. En 2017 fundaron la ONG Y os lo cuento con una premisa innegociable: el 100% de lo recaudado va al terreno. "Quiero que llegue cada euro, mirar a los ojos a los beneficiarios y ponerles nombre y apellidos para que no caigan en el olvido", nos cuenta Xabi. Tras años de proyectos puntuales, en 2020, cuando estaba el mundo entero confinado, decidieron dar el salto definitivo: pausar su vida laboral para unir cinco continentes en una sola expedición solidaria. Si quieres colaborar con ellos, puedes hacerlo en este enlace.

Entregando las incubadoras en Dschang, Camerún.
Entregando las incubadoras en Dschang, Camerún.

La bicicleta como la llave de la ciudad

Probablemente, la bici sea la única máquina que humaniza. Es algo que sabemos bien en Ciclosfera, y lo demuestran también Xabi y Sheila. "Llegar en bici suaviza y despierta ternura. Si llegas en un todoterreno con aire acondicionado, solo la ventanilla actúa como una barrera física y social. Llegar sudoroso, sucio y cansado es una puerta abierta a la curiosidad", cuentan.

“Los puertos siempre tienen un final y cuando acampas y cenas caliente, las dificultades caducan" (Xabi Luna y Sheila Sevillano, Rumbos Olvidados)

Esa apertura les ha permitido vivir escenas de humanidad pura, como cuando un imán en Turquía les dejó dormir en su mezquita y los fieles rezaron a oscuras a las 4:30 de la mañana para no despertarles. O el gesto de un chico en Botswana que, teniendo casi nada, les donó 5 euros para su causa. "El gesto fue tan generoso que Sheila y yo ingresamos 80 euros en su nombre. Cada donativo que recibimos en el camino lo multiplicamos nosotros mismos".

Caminos inundados del Congo, hacia Gabón.
Caminos inundados del Congo, hacia Gabón.

21 euros al día para salvar vidas

Lo que hace diferente a Rumbos Olvidados es la coherencia. Mientras gestionan miles de euros para pozos o centros de salud, ellos viven con lo puesto. Literalmente. Su presupuesto diario es de 21 euros para los dos. "Desayunamos pan con Nocilla y café soluble; compramos pan y embutido al mediodía y cenamos arroz o pasta que cocinamos nosotros. Acampamos casi siempre, usamos Warmshowers o dormimos en escuelas".

Ese ahorro tan extremo tiene una recompensa que no se compra con dinero: ya han recorrido 11.000 km, 26 países, han rehabilitado un centro sanitario en Tayikistán, construido un pozo en Angola y dos en Camerún, donde además han instalado unas placas solares para una escuela y dos incubadoras. "Construir un pozo es sagrado. Ver a la gente bailar y cantar que 'se acabó el sufrimiento de ir a por agua' es impagable. Sin agua no hay vida. Hemos adelantado el dinero de todas esas acciones, pero falta recuperarlo con los donativos. De los 100.000€ que vale todo, solo hemos recaudado 32.000€, faltan 68.000€".

Puedes echarles un cable en este enlace. Tu aportación llega a quienes lo necesitan con total transparencia.

Los alumnos, a falta de escuelas y aulas, se ven obligados a estudiar bajo los árboles en Botswana.
Los alumnos, a falta de escuelas y aulas, se ven obligados a estudiar bajo los árboles en Botswana.

“El objetivo siempre es el mismo”, continúan, “poner de relieve la vulnerabilidad de la mayoría de las personas en el planeta. El acceso al agua, a la educación, a la sanidad, a una vivienda digna, a un lugar seguro, todo eso es un privilegio reservado para pocos. Mientras unos viven holgadamente con oportunidades, muchos sufren para llegar al final del día. Eso es lo que nos mueve, lo que nos alimenta y por lo que luchamos. La bicicleta es el medio para llegar a esas realidades y conocerlas de manera ecológica y al ritmo de las personas”.

Y los malos ratos

El viaje también tiene, lógico, algunas cicatrices. El pasado 31 de diciembre, en la última etapa de África y a solo 10 kilómetros de completar el proyecto en Camerún, un camión los arrolló subiendo un puerto y se dio a la fuga. "Nos destrozó las ruedas traseras y las parrillas. Sheila pasó un buen rato llorando por la ansiedad de imaginarme bajo el camión, ya que yo iba detrás", relata Xabi.

“Nuestro pasaporte pesa más que el de la mayoría y queda mucho camino para que la balanza esté equilibrada" (Xabi Luna y Sheila Sevillano, Rumbos Olvidados)
“Nuestro pasaporte pesa más que el de la mayoría y queda mucho camino para que la balanza esté equilibrada" (Xabi Luna y Sheila Sevillano, Rumbos Olvidados)

Al no haber posibilidad de arreglo alguno en aquel pueblo, tuvieron que meter las bicis rotas en cajas para el avión. El contraste fue inmediato: "El siguiente destino era Australia, un lugar súper caro, y la factura ha sido de 1.000€ para ponerlas en marcha". Por suerte, la solidaridad ciclista apareció en el momento justo: "Tuvimos la fortuna de que Tubus nos envió gratis dos parrillas a la casa donde llegamos para apoyar el proyecto".

Nuevos proyectos

Esto no para. “En marzo llegaremos a Chile con el objetivo de subir hasta Bolivia pasando por Argentina, Brasil, Paraguay y allí comprar material escolar para escuelas cerca de San Ignacio de Moxos, incubadoras para un hospital en Trinidad y daremos formación sanitaria a enfermeras. En julio volaremos a Riga para ir hasta Ucrania y arreglar los baños de un orfanato que están muy viejos. Y de ahí regresaremos a casa. Todo lo que recaudemos extra desde Ucrania a Pamplona, si logramos el objetivo, irá destinado a los siguientes proyectos que ya están comprometidos: dos pozos en Etiopía, placas solares para 125 familias indígenas que no tienen luz en Filipinas y una escuela en Pakistán. Así que tenemos para rato”.

Montando las bicis en la frontera de Gabón con Guinea Ecuatorial.
Montando las bicis en la frontera de Gabón con Guinea Ecuatorial.

Xabi y Sheila siguen pedaleando con una idea fija en la cabeza: "Somos unos privilegiados porque podemos escoger hacer esto. Hay que viajar con el mayor de los respetos, sabiendo que nuestro pasaporte pesa más que el de la mayoría. Por eso nos movemos, porque queda mucho camino para que la balanza esté equilibrada".

Las inseparables bicis

Si hablamos de técnica, no hay experimentos. Aquí se viene a aguantar. Xabi monta una Surly Long Haul Trucker y Sheila una Kona Sutra. Cuadros de acero, ruedas de 27,5 pulgadas con cubiertas Schwalbe Marathon Mondial de 50mm y frenos de disco mecánicos. "Sencillas para poder repararlas fácil", apuntan.

Las bicis Ojalá y Serendipia en Kango, Gabón.
Las bicis Ojalá y Serendipia en Kango, Gabón.

Sus bicis tienen nombre propio y un mensaje en esperanto: Ojalá y Serendipia. “Cada uno buscó una palabra que le gustase para el viaje. Sheila pensó en esos deseos que quieres que ocurran, ojalá lleguemos a todos los proyectos, ojalá consigamos todo el objetivo, ojalá no pase nada, ojalá… En mi caso la serendipia son esos sucesos inesperados que surgen y que te encuentras en positivo, cuando buscabas otra cosa. Y sé que una cosa es lo que tengas pensado, pero otra es lo que suceda y más en un viaje de tantos meses. Hay que estar abierto a que sucedan cosas inesperadas y disfrutarlas”.

Entre ambas cargan unos 120kg sumando peso de las propias bicis, herramientas y equipaje. "Llevamos mucho porque acampamos, cocinamos y llevamos todo el equipo audiovisual. Las etapas no se miden por kilómetros, sino por dureza. Pero los puertos siempre tienen un final y cuando acampas y cenas caliente, las dificultades caducan".